7.4.14

El Caso Swatch



El reloj Swatch ha realizado por sí solo la recuperación de toda la industria relojera suiza. A fines de los años 70 la tradicional Iíder europea en la fabricación de elementos de precisión parecía irremediablemente comprometida por la invasión de los relojes japoneses.

La ETA-SA Fabrique d´Eubaches, desde hace mucho tiempo el más importante fabricante suizo de movimiento que, abasteciendo el 80% de las compañías suizas, veía precipitar su producción y ganancias. En 1980 la ETA decide probar y contrarrestar el éxito japonés con un producto económico pero de calidad, como para no irritar demasiado a los fabricantes suizos más conservadores que temían ver desacreditada la prestigiosa imagen de los propios modelos.

Bajo la guía del físico Wlhelm Salate, un equipo de ingenieros comenzó a trabajar sobre la idea de un reloj de plástico desarmable completamente automático. Para obtener ese resultado era necesario simplificar drásticamente los mecanismos, reagrupándolos en módulos prearmados, y evitar el montaje de elementos únicos con pernos y tornillos sobre “chassis” metálicos, operación todavía hoy efectuada manualmente con infinita y costosa precisión.



En 1981 estaba listo el primer prototipo. En lugar de las 90 piezas que componen habitualmente un reloj de cuarzo, el Swatch consta solamente de 51, insertadas en molduras especiales realizadas modelando directamente la caja en material sintético, con una innovación comparable con la introducción de la carrocería autoportante en la industria automotriz. En vez de tornillos metálicos, ribetes plásticos y soldaduras de ultrasonido con un especial cerrado del cristal que, soldado herméticamente a la caja, garantiza la impermeabilidad de los mecanismos. Pero antes que se iniciara la producción era necesario poner a punto todos los instrumentos: un material termoplástico maleable pero resistente, las maquinarias capaces de inyectarlo y moldearlo con la absoluta precisión requerida para la caja y por todos los minúsculos componentes: y diseñar una línea de montaje automática y con control electrónico.

El Swatch se produciría en un único ciclo de elaboración, con controles de calidad automáticos en cada estación de montaje, donde las eventuales piezas defectuosas serían dejadas de lado por la cadena productiva. Al final del ciclo, cada reloj sería sometido a un test térmico con cambios de temperatura de 0º a 100º durante 24 horas y a un control de la precisión del eventual calendario. Todo esto para garantizar la calidad de un reloj que no puede ser reparado pero que se vende a un precio razonable.




Como una casa de modas, la Swatch presenta cada primavera y cada otoño una nueva colección a cargo de Max Imgruter, director comercial, que escucha las propuestas provenientes de “consultores" repartidos por el mundo y atentos a cada tendencia estilística.

Bastan pocos cambios para tener relojes coloreados, transparentes, con mallas multicolores, con cuadrantes diseñados en las formas más diversas o confiados como maniobras de artes a grandes artistas. Unos pocos módulos sobreviven cada nueva colección y se convierten en clásicos, mientras que la mayoría pasa de moda.

3.4.14

El Edificio Safico y la Arquitectura como profesión eficiente

                                                                                                                                                                                                                                                         
No fueron sólo culturales las razones que definieron las características de la arquitectura Moderna en la Argentina en la década de 1930. Un factor económico decisivo para ello fue el surgimiento, en una enorme proporción, de sectores medios vinculados a las actividades comerciales, administrativas y de servicio, cuya expansión y posibilidades generaron el requerimiento de un tipo de alojamiento de aceptable calidad.

Las construcciones en este período, siguiendo con la reflexión de Francisco Liernur, no eran encaradas con destino a la venta sino a la renta, dado que entre otros factores la legislación impedía el fraccionamiento de los inmuebles en propiedad horizontal.

Paradójicamente la construcción de estos edificios fue producto de la Gran Crisis, cuyas consecuencias se advirtieron a pocos meses de desatarse en la bolsa de Nueva York. De 1929 a 1932 la inversión total en la construcción se redujo un 28,19% de lo que se movilizaba antes del crack. Frente a estas condiciones, algunos advirtieron que un camino para evitar la liquidación de capitales era concentrarlos en grandes emprendimientos de rentabilidad a mediano y largo plazo. La concentración eliminaría pérdidas inútiles, racionalizaría las operaciones edilicias al máximo, obtendría ventajas de precios, contaría con bajísimos salarios y polarizaría la demanda.

El primer edificio de esta serie lo constituye el Comega, construído en 1932 por Joselevich y Douillet. En 1933 comienza la segunda de estas construcciones, un edificio de 90.000m3, el más grande jamás imaginado en Buenos Aires, obra de los arquitectos Sanchez, Lagos y de la Torre: el Kavanagh.

A corta distancia del Comega se construyó en los mismos años sobre la Avenida Corrientes y en tan sólo 9 meses, el edificio Safico (1934). La sencilla partición de sus plantas, el desmesurado tamaño de los paliers y la distribución de la planta baja respondían a la coyuntura de la crisis, por cuanto el edificio debía de estar en condiciones de ser usado indistintamente para hotel, oficinas comerciales o vivienda. Aunque su volumetría fue determinada por las condiciones de máximo aprovechamiento del terreno, la realización del proyecto mediante un concurso permite suponer que se buscaba llevar a cabo la operación con el máximo de calidad. El trabajo ganador, del ingeniero Walter Moll, tuvo méritos destacables: la claridad de la volumetría de la torre, calzada dentro del cuerpo bajo, y la agresiva sintaxis (volumetría de aristas, ventanas alargadas o de ángulo) revelan un buen conocimiento del repertorio modernista y el ejercicio cuidadoso de los temas cardinales del funcionalismo (iluminación y ventilación, preocupación por aspectos mecánicos). Como en el caso de Kavanagh, es igualmente remarcable la calidad de los materiales y el cuidado de la ejecución general.

Nos encontramos ante un edificio que mantiene la vigencia de la adaptación constante a las fluctuaciones económicas, sociales y normativas.

Ábalos & Herreros - La Piel Frágil




Cuando se llama a alguien para hablar de su trabajo hay una pregunta constante y a la que en última instancia quien habla debiera dar algún tipo de respuesta. Esa pregunta es, expresada de la forma más simple, ¿hacia dónde vamos?, ¿cómo podemos interpretar lo que nos está pasando? Sabemos que pretender una respuesta totalizadora es estúpido. pero también lo es eludir esa pregunta, esa duda común; así que haremos el esfuerzo retórico de intentar una respuesta parcial y personal y emplearemos para ello, después de muchos intentos sofisticados, el más simple de los esquemas: una parte inicial teórica que pretenderá dar un marco conceptual, y una exposición posterior del trabajo práctico que tendrá como objetivo mostrar hasta qué punto ideas más o menos abstractas tienen una traducción simple, o menos sofisticada, así como mostrar la forma en que actividad práctica y especulación teórica se alimentan mutuamente, sin que los tiempos de uno y otro momento puedan ni deban separarse. (ver texto completo)